Historias de Fe y Transformación
Milagros y Sanidades

La historia de Sbeta

Los cirujanos habían sido claros y despiadados con el diagnóstico: cáncer de hígado avanzado y una semana de vida. Para Sbeta, una anciana que había cargado con el peso del alcoholismo durante toda su existencia, la noticia no solo marcaba el fin de sus días, sino el cierre de una vida trágica, distanciada de su único hijo por culpa de la adicción. Ya no quedaban esperanzas.

Pero el cielo tenía otros planes para su última semana.

En la cama de al lado de su habitación de hospital, ingresaron de urgencia a una joven con apendicitis. A pesar de su propio dolor y debilidad, Sbeta sintió compasión y comenzó a ayudar a la joven en lo que podía mientras se recuperaba de la operación. Lo que la anciana no sabía era que esa muchacha no estaba allí por casualidad. Era pastora.

Al ver el corazón de Sbeta, la joven le regaló su primera Biblia, le habló del tierno amor del Padre y oró por ella con una fe inquebrantable.

Los días pasaron y la semana de plazo expiró, pero Sbeta no murió. Los médicos, estupefactos, confirmaron lo imposible: el cáncer había desaparecido. Dios no solo sanó su cuerpo, sino que restauró los pedazos rotos de su alma. Hoy, esa anciana que los médicos daban por perdida está más viva que nunca, abraza a su hijo en una relación completamente restaurada y, cada domingo, toda la familia entra junta por las puertas de la iglesia para dar gracias.